A la fuerza se acaba aprendiendo, por supuesto. El problema era que, en aquel tiempo y circunstancias, podía no llegarse a vivir lo suficiente como para aprender un carajo.
Arturo Pérez-Reverte
A la fuerza se acaba aprendiendo, por supuesto. El problema era que, en aquel tiempo y circunstancias, podía no llegarse a vivir lo suficiente como para aprender un carajo.