Sólo cuando la mayoría de los habitantes de este planeta estén convencidos de que se están muriendo, cada minuto que pasa, empezaremos a comportarnos como seres conscientes, racionales y compasivos. Porque, aunque el atractivo de «ser bueno» sea grande, el terror de caer, imparablemente, en la nada absoluta es mucho más efectivo.
Sólo cuando la mayoría de los habitantes de este planeta estén convencidos de que se están muriendo, cada minuto que pasa, empezaremos a comportarnos como seres conscientes, racionales y compasivos. Porque, aunque el atractivo de «ser bueno» sea grande, el terror de caer, imparablemente, en la nada absoluta es mucho más efectivo.