En aquel entonces, además de los bailes de salón que le servían para ganarse la vida —tango, foxtrot, boston—, dominaba como nadie el arte de crear fuegos artificiales con las palabras y dibujar melancólicos paisajes con los silencios.
Arturo Pérez-Reverte
En aquel entonces, además de los bailes de salón que le servían para ganarse la vida —tango, foxtrot, boston—, dominaba como nadie el arte de crear fuegos artificiales con las palabras y dibujar melancólicos paisajes con los silencios.