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¿No te parece raro el grosor de un libro cuando lo lees varias veces? –le había preguntado Mo en su último cumpleaños, cuando contemplaban cada uno de sus viejos libros-. Parece como si cada vez algo quedara adherido entre las páginas. Sentimientos, pensamientos, sonidos, olores… Y cuando al cabo de los años vuelves a hojear el libro, te descubres a ti misma dentro, un poco más joven y diferente, como si el libro te hubiera conservado igual que una flor prensada, extraña y familiar al mismo tiempo.
Cornelia Funke