En las nueve mil leguas que tiene de perímetro el mundo, no hay un solo lugar donde las supuestas órdenes de algún dios no hayan consagrado algún crimen.
Arturo Pérez-Reverte
En las nueve mil leguas que tiene de perímetro el mundo, no hay un solo lugar donde las supuestas órdenes de algún dios no hayan consagrado algún crimen.