Cuando un papa, Pío XII en este caso, llama a un país nación elegida por Dios, baluarte inexpugnable de la fe católica, está claro que quien gobierna ese país va a estar un rato largo gobernándolo.
Arturo Pérez-Reverte
Cuando un papa, Pío XII en este caso, llama a un país nación elegida por Dios, baluarte inexpugnable de la fe católica, está claro que quien gobierna ese país va a estar un rato largo gobernándolo.