Para los demás, él no era más que un nombre y un apellido. Pero Nina Citrone lo había reconocido como persona, había visto en él una amabilidad cuya existencia él mismo desconocía.
Robert Cormier
Para los demás, él no era más que un nombre y un apellido. Pero Nina Citrone lo había reconocido como persona, había visto en él una amabilidad cuya existencia él mismo desconocía.