Al orgullo, principio de todos los vicios, no es posible oponer ningún raciocinio, puesto que, por su misma naturaleza, el orgullo se niega a escucharlo.
Jules Verne
Al orgullo, principio de todos los vicios, no es posible oponer ningún raciocinio, puesto que, por su misma naturaleza, el orgullo se niega a escucharlo.